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El Impresionismo

El impresionismo es una corriente pictórica que surgió en el siglo XIX y que pretendía no seguir los cánones artísticos de las escuelas de bellas artes. Muchos creen que el impresionsimo tuvo antecedentes en el fauvismo, el cubismo y otras técnicas que también desafiaron los lineamientos de los primeros artistas de renombre. Estos han sido los primeros barroquistas que elaboraron los cánones artísticos que se debían seguir para alcanzar la excelencia.

De nuevo un crítico que cita peyorativamente un cuadro pone nombre a un movimiento, en este caso «Impresión: sol naciente» de Monet.

La pintura impresionista nace a partir de la segunda mitad del siglo XIX y quiere, a grandes rasgos, plasmar la luz y el instante, sin importar demasiado la identidad de aquello que la proyectaba. El impresionismo nace para desafiar antiguas creencias. Las cosas no se definen, sino que se pinta la impresión visual de estas cosas, y eso implica que las partes inconexas dan lugar a un todo unitario (algo que años después demostraría científica y psicológicamente la Gestalt).

impresionismo
Mujer mirando una pecera.

Resumiendo, este movimiento impresionista se caracteriza por el uso de colores puros sin mezclar («todo color es relativo a los colores que le rodean»), el hecho de no ocultar la pincelada, y por supuesto darle protagonismo ante todo a la luz y el color. De esta manera en el impresionismo, las formas se diluyen imprecisas dependiendo de la luz a la que están sometidas, y una misma forma cambia dependiendo de la luz arrojada sobre ellas, dando lugar a una pintura totalmente distinta.

Por ello, y a partir de los paisajistas de la escuela de Barbizon, los impresionistas se centraron en la pintura al aire libre, buscando plasmar el cambio de la luminosidad, el instante.

Orígenes del impresionismo

El impresionismo nace como una evolución a ultranza del Realismo y de la Escuela paisajística francesa de finales del siglo XIX. El preludio se encuentra en 1863, con la creación del Salon des Refusés, a modo de respuesta de los Salones oficiales de Otoño, que mantenían un arte estancado y sin originalidad. El Impresionismo se corresponde con una transformación social y filosófica, por un lado, el florecimiento de la burguesía, por otro, la llegada del positivismo. La burguesía, como nuevo fenómeno social, lleva sus propios usos y costumbres, unos afectan al campo, que deja de ser puesto de trabajo para convertirse en lugar de ocio: las excursiones campestres. Es el mundo retratado por Monet y Renoir. La ciudad, por el contrario, se convierte en nuevo espacio para la nueva clase social: aparecen los flanneurs, peatones ociosos que se lucen y asisten a conciertos en los boulevards y los jardines de París. También cobra relevancia la noche y sus habitantes, los locales nocturnos, el paseo, las cantantes de cabaret, el ballet, los cafés y sus tertulias. Es un mundo fascinante, cuyos impresionistas extraen sus temas: en especial Degas o Toulouse-Lautrec. Porque para ellos se han terminado los temas grandiosos del pasado. El positivismo implica una concepción de objetividad de la percepción, de un criterio científico que resta valor a todo lo que no sea clasificable según las leyes del color y la óptica. Según esto, cualquier objeto natural, visible, afectado por la luz y el color, es susceptible de ser representado artísticamente. El cuadro impresionista se vuelca ya que en los paisajes, las regatas, las reuniones domingueras, etc. Los impresionistas se agruparon en torno a la figura de Manet, el rechazado los Salones oficiales y promotor del Salon des Refusés.

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